Para amar, además de quererse
hay que hacer la compra, cocinar
y fregar los platos usados, limpiar
la casa y arreglar el baño.
Hay que poner la lavadora,
tender la ropa y luego planchar.
Para amar hay que vivir en el barrio y
en el momento marcado por los pies,
no basta imaginar o creer el sueño deseado.
No hay metro ni autobuses
hasta el amor, o se habita en él
o los días se hacen largos y
difíciles de llevar, aunque la noche
los borre por unas horas.
Y es que aunque el amor todo lo puede
conviene echarle una mano en la cocina
donde todo se cuece.
(Cardiopatía poética)