Marruecos sale al espacio

En el más absoluto de los secretos. Si no sucede nada especial, Marruecos pondrá en órbita el próximo 8 de noviembre su primer satélite en el espacio, el Moroccan EO Sat1. Un cohete de tipo Vega despegará desde Courou, en la Guayana francesa, transportando este satélite de la serie francesa Pléyade 1. ¿Civil o militar? En teoría, según los responsables marroquíes, con una intención estrictamente civil, pero el ingenio tiene también unas virtudes potenciales en el campo militar. El país magrebí se une así a Egipto y Sudáfrica, únicos países del continente negro que poseen tecnología espacial y satélites fuera de la atmósfera terrestre.

También en el más estricto secreto, Rabat firmó en el 2013 un acuerdo de 500 millones de euros con Francia para la adquisición de este sistema de ingeniería espacial, conocido con el nombre genérico de Pléyades. Se trata de dos satélites, lanzados en fechas distintas, que desde una órbita situada a 694 kilómetros de la Tierra, pueden proporcionar fotografías de una altísima resolución de cualquier lugar del mundo en menos de 24 horas. Marruecos lanzará a principios de noviembre uno de ellos y el segundo lo pondrá en órbita a comienzos del próximo año.

El mutismo es total entre los responsable marroquíes de este proyecto. Únicamente el embajador marroquí ante la Unión Europea, Ahmed Chami, señala que “un satélite de observación no tiene necesariamente utilidad militar. Nos va a permitir observar con detalle lo que sucede sobre nuestro territorio, especialmente en lo que se refiere a la meteorología y su repercusión en las tierras y las cosechas. También nos va a permitir calibrar la situación y los movimientos de las arenas”.

Pero a nadie se le escapa que un país que tiene abierto el contencioso con el Frente Polisario; donde a sus fronteras llegan cada día miles de inmigrantes y que cuenta con unas excelentes relaciones con España que, a veces, no están exentas de incidentes puntuales en Ceuta, Melilla y otras zonas, la utilización de estos satélites con fines militares es una tentación de la que no se van a poder escabullir. “Efectivamente, nos va a permitir saber qué ocurre en nuestras fronteras”, admite Chami, “pero nadie debería inquietarse, porque este paso adelante se da con buenas intenciones”. De momento, nadie discute a Marruecos su derecho a utilizar este tipo de tecnología.

El sistema Pléyades está desarrollado por Airbus Defence & Espace en Francia, con tecnología italiana de la empresa Thales Alenia Space en lo que se refiere a los instrumentos ópticos. También participan en menor proporción empresas de Suecia, Bélgica, Austria y la propia España. Con este sistema “es posible obtener una imagen de cualquier lugar del planeta en 24 horas. [...] Pero esas fotografías pueden utilizarse también para localizar instalaciones militares de países adversos con el objetivo de planificar una intervención militar”, confiesa en su web el Centro Nacional de Estudios Espaciales de Francia, que tutela el proyecto Pléyades.

Las sospechas de que algo extraño sucedía comenzaron cuando Francia publicó la lista de los mayores inversores en la industria armamentística del año 2013, donde Marruecos se colocaba en tercer lugar, únicamente por detrás de Arabia Saudí y Singapur. Que un país con graves problemas de pobreza se encontrara en un lugar tan destacado sólo se podía deber a la existencia de un contrato excepcional, que iba mucho más allá de las habituales relaciones entre París y Rabat en el terreno del armamento. Un año después el diario marroquí La Tribune desvelaba la existencia del espectacular contrato por el proyecto Pléyades.

En medio del secretismo, una web marroquí especializada en temas de defensa señala que los satélites serán pilotados desde Marruecos en una sala especial de operaciones que se ha instalado en el aeropuerto de Rabat. Al parecer, las operaciones dependerán del Centro Real de Teledetección Espacial, que a su vez estaría supeditado al general Hosni Benslimane, jefe de la Gendarmería Real marroquí, un militar de 81 años. Pero de momento, no pasan de ser especulaciones de la prensa.

(Adolfo S. Ruiz, La Vanguardia)