Cárcel para los racistas del ataúd

Cárcel. Theo Jackson y William Oosthuizen, el viernes poco antes de oír la sentencia de la juez que los condena a 14 y 11 años, respectivamente
La soberbia racista recibió esta semana en Sudáfrica un puñetazo en el mentón. Los dos granjeros blancos que hace un año obligaron a un chico negro a meterse en un ataúd y amenazaron con quemarlo vivo recibieron el viernes penas de hasta 14 años de cárcel. Ambos fueron declarados culpables de intento de asesinato, secuestro agresión e intimidación. Willem Oosthuizen, de 29 años, recibió una condena de 11 años y Theo Martins Jackson, de 30, de 14 años ya que la magistrada del caso le castigó con tres años más de prisión por haber destruido el féretro, prueba clave. Parte de la sentencia es por agredir al único testigo del caso para evitar que testificara en su contra.

La jueza Segopotje Mphahlele explicó que había basado su decisión en la falta de remordimiento de los acusados, comportamiento que había avivado la tensión racial y en una conducta “inhumana y asquerosa”. Mphahlele, visiblemente enfadada al leer la sentencia, mostró su repulsa de que los dos jóvenes hubieran sido capaces de perpetrar un acto “abominable” pese haber pasado buena parte de sus vidas en una Sudáfrica democrática.

Los hechos ocurrieron en agosto de 2016, cerca de Komati, noreste de Sudáfrica, pero no fue hasta noviembre cuando el incidente provocó un terremoto político y social después de que un vídeo de 20 segundos, grabado por los asaltantes, se hiciera viral en las redes. En las imágenes grabadas se observa como uno de los condenados obliga a la víctima, Victor Mlotshwa, a meterse en un ataúd y éste llora y grita de terror. Mientras uno de los hombres intenta cerrar la tapa, el otro le espeta en afrikaans. “¿Quieres hablar? Vamos, vamos. Queremos echarte gasolina”. Entonces, Mlotshwa lanza un grito de pánico y el vídeo termina.

En seguida, los partidos políticos nacionales se hicieron eco y vieron en la agresión de los dos granjeros un estertor del racismo del régimen del apartheid, finiquitado hace 23 años pero que dejó desigualdades aún visibles en la sociedad sudafricana. Según el último censo publicado por del gobierno sudafricano, un hogar de blancos obtiene unos ingresos anuales seis veces superiores al de una casa con todos sus miembros negros.

El viernes seguidores del Congreso Nacional Africano, partido en el poder y que prestó apoyo a la víctima, celebraron como si fuera una victoria la decisión de la jueza en la misma sala de juicios.

Los acusados, que reci­bieron la sentencia con la ­cabeza baja, alegan que Mlotshwa había entrado en sus tierras para robar cables de cobre y sólo pretendían “darle una lección”. Durante el juicio no pudieron dar ninguna prueba sobre esa acusación y Mlotshwa siempre ha declarado que pasó por las tierras de los granjeros porque servían de atajo desde su casa a unas tiendas donde iba a hacer unos encargos para su madre. “Hay una senda a través de la granja al barrio de chabolas donde vivo y muchos de nosotros caminamos por ahí. Traté de explicarles por qué estaba allí pero ellos simplemente siguieron golpeándome”, dijo.

Tanto la familia de los condenados como varias asociaciones de granjeros mostraron su descontento con una sentencia que consideran politizada. Los granjeros blancos del país llevan años denunciando el abandono por parte de las autoridades y la inseguridad que sufren en sus tierras. Las cifras apuntan a un escenario preocupante. Un informe publicado la semana pasada por el grupo AfriForum estima que los granjeros comerciales sudafricanos tienen 4,5 veces más posibilidades de ser asesinados que el resto de la población. Según la organización de derechos humanos, 70 granjeros murieron de forma violenta durante un total de 357 asaltos a granjas a lo largo del año 2016.

El argumento del miedo de los granjeros no justifica la crueldad del asalto. La víctima, que no denunció los hechos hasta que el vídeo se hizo viral, explicó que la agresión fue “una pesadilla”, estuvo maniatado durante horas y recibió golpes e insultos.

El ministro de Justicia de Sudáfrica, Michael Masutha, aplaudió una sentencia que, según su opinión, tiene también un carácter disuasorio. “Sudáfrica ya no está preparada para tratar el racismo con guantes de niños y estamos listos para actuar”.

(Xavier Aldekoa, La Vanguardia)