El independentismo ante el 21-D (Lluis Orriols)

El pasado viernes por la tarde, el presidente Mariano Rajoy anunció su decisión de disolver el Parlamento catalán y convocar nuevas elecciones autonómicas para el próximo 21 de diciembre. Con ello, los catalanes se encuentran, una vez más, ante unas elecciones excepcionales, cuya naturaleza no es compartida por todas las fuerzas políticas. En particular, existe la incertidumbre sobre cuál va a ser la reacción del independentismo ante unas elecciones que se derivan de la aplicación del artículo 155 de la Constitución y que fueron convocadas pocas horas después de que se declarara formalmente la independencia de Catalunya.

Ciertamente, las fuerzas soberanistas podrían no sentirse interpeladas por esta convocatoria de elecciones, pues esta no se deriva de las leyes de desconexión aprobadas el pasado 6 y 7 de septiembre. En consecuencia, cabe la posibilidad de que los partidos independentistas opten por llamar a la abstención y no presentar ninguna candidatura. Al fin y al cabo, desde la perspectiva del soberanismo, ningún primer ministro de un país vecino debería tener la potestad de disolver el Parlamento de Catalunya y convocar nuevas elecciones.

No obstante, desde un punto de vista estratégico, la decisión de no concurrir en las elecciones de diciembre podría resultar muy dañina para el proceso soberanista. Los importantes logros cosechados por el movimiento independentista durante los últimos años se deben muy particularmente a los recursos aportados tanto por las organizaciones de la sociedad civil como por las instituciones autonómicas. Si los partidos soberanistas decidieran no presentarse a dichas elecciones , el movimiento independentista se vería privado de las valiosas prerrogativas que le ofrecen las instituciones públicas cata­lanas.

El partido que probablemente mayores dudas genera sobre si acabará participando en las elecciones del 21-D es la CUP. Esta formación de corte anticapitalista tenía inicialmente una vocación de transformación social desde el municipalismo y se resistió a concurrir en las elecciones autonómicas hasta el inicio del proceso soberanista en el 2012. El historial de la CUP muestra que esta formación nunca ha tenido un especial apego a participar en elecciones que tengan una naturaleza estrictamente autonómica. Es por ello que la CUP podría estar particularmente tentada a boicotear unas elecciones autonómicas convocadas por el presidente Rajoy y bajo el paraguas del 155.

Sin embargo, la CUP tiene un papel estratégico crucial en el actual escenario político catalán. A pesar de ser una fuerza modesta en términos electorales, la CUP puede ser clave para que el independentismo alcance una mayoría parlamentaria. Este importante rol de la CUP quedó muy patente en las pasadas elecciones autonómicas del 2015. Entonces, ERC y CDC decidieron concurrir conjuntamente dentro de la coalición Junts pel Sí con la finalidad de facilitar la lectura plebiscitaria de esas elecciones. Esta coalición no resultó fructífera desde una perspectiva electoral, pues muchos independentistas de izquierdas no quisieron votar una lista en la que figuraban destacadas personalidades de Convergència. Debido a ello, la CUP se convirtió en el refugio de muchos exvotantes de ERC y, muy especialmente, de la órbita de Iniciativa-Podemos, que deseaban tanto expresar su apoyo a la independencia como mostrar su reprobación al gobierno de Artur Mas por sus políticas de recortes sociales.

Las encuestas más recientes indican que la CUP mantiene aún hoy esos importantes trasvases de voto con Esquerra y con el entorno de Comuns-Podem. Así pues, una posible ausencia de la papeleta de la CUP en las próximas elecciones del 21-D podría propiciar una fuga de votos tanto hacia partidos de corte independentista como hacia partidos que no lo son. Por lo tanto, el saldo final para el bloque soberanista ­sería muy probablemente negativo.

El independentismo no goza hoy de una mayoría parlamentaria holgada. Las encuestas previas a septiembre mostraban que las fuerzas secesionistas se encontraban en ligero retroceso y con signos de que su mayoría absoluta estaba seriamente amenazada. Ante este contexto electoral, la decisión de la CUP sobre si concurrir o no en los comicios de diciembre podría ser clave para determinar hacia qué lado se inclina la balanza.

En suma, el éxito del movimiento independentista depende en buena parte de los recursos que se derivan de poder estar dentro de las instituciones públicas catalanas. Para seguir gozando de estos recursos, todos los partidos secesionistas, incluyendo la CUP, deberían buscar alguna fórmula que les permitiese presentar sus candidaturas en las elecciones autonómicas del próximo 21-D. Puede que se trate de un escenario electoral incómodo para muchos sectores del independentismo, pero la alternativa puede ser aún más adversa. Fuera de las instituciones hace mucho frío.

(La Vanguardia)