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| Xi Jinping, la semana pasada en Pekín, después de dirigirse al politburó del Partido Comunista |
China ha vivido una última semana trascendental en la que ha visto como su presidente, Xi Jinping, era equiparado a Mao y se lanzaban las directrices para que el gigante asiático recupere la primacía mundial que tuvo en su día. El dirigente comunista quiere recuperar para su país el papel de gran potencia y líder global para el año 2050, al tiempo que aspira a exportar su modelo de desarrollo a otros países, en competencia con Occidente. Una aspiración que se puede interpretar como el retorno del imperio del Centro.
“En el 2050, dos siglos después de la guerra del opio, que hundió al imperio del Centro en un periodo de dolor y vergüenza, China está preparada para recuperar su poder y ascender a la cima del mundo”, publicó la agencia oficial de noticias china Xinhua en un nota en la que daba cuenta de la clausura del XIX congreso del Partido Comunista, una reunión en la que esta organización escogió a su nueva cúpula dirigente. La afirmación del medio estatal era una interpretación más descarnada de los objetivos que días antes había trazado Xi Jinping en su discurso de inauguración.
Durante su intervención en la reunión del Partido Comunista, su secretario general había expresado sus deseos de que China se transforme en una “sólida potencia” con una gran influencia global en el 2050. Una meta para la cual indicó que el gigante asiático debe dotarse de unas fuerzas armadas de primer orden, si bien indicó que con ello no perseguían ningún objetivo agresivo. A nadie se le escapa, sin embargo, que Pekín nunca ha descartado recuperar la isla de Taiwan, incluso por la fuerza si fuera necesario. Un operación que Xi podría ambicionar para el 2021, cuando se celebrará el centena-rio del Partido Comunista chino.
En su intervención, que se prolongó por espacio de tres horas y media, el presidente chino sentó las bases de lo que algunos observadores internacionales, como Ashok Kantha, ex embajador de India en Pekín, interpretan como “el asalto chino al liderazgo global, según ha puesto de manifiesto este diplomático en el diario South China Morning Post, en una época en que EE.UU., de la mano de su presidente, Donald Trump, apuesta por un repliegue en los foros internacionales.
En este sentido, a nivel militar, Xi avanzó que las fuerzas armadas chinas concluirán su modernización en el 2035 y que para el 2050 se habrán transformado en uno de los mejores ejércitos del mundo. Una afirmación que inquieta a sus vecinos regionales, ante la cada vez más agresiva política de reivindicación territorial en el mar Meridional de China.
En lo que Xi ha definido como el inicio de una nueva era para su país, el dirigente del gigante asiático ha puesto asimismo sobre el tablero internacional unas cartas que hasta ahora ningún líder chino se había atrevido a mostrar. Ha dado un paso adelante en defensa del modelo de desarrollo chino y lo ha presentado como una alternativa al capitalismo y a Occidente. “El camino chino (….) ofrece una nueva opción para otros países y naciones que desean acelerar su desarrollo preservando su independencia, y ofrece la sabiduría y el enfoque chinos para resolver los problemas que afronta la humanidad”, dijo el presidente de la segunda potencia mundial en su discurso.
Un oferta mucho más incisiva para ampliar su influencia internacional que las utilizadas hasta ahora, que se limitan básicamente a la cooperación económica.
Se trata, en definitiva, de la promoción de su sistema político y económico, frente al modelo occidental. Un ofrecimiento que llega en unos tiempos en que la UE busca fórmulas para reforzarse y EE.UU. ha aparcado su defensa de la multilateralidad. Una coyuntura que permite a China erigirse como abanderada de la globalización y el libre comercio.
Un objetivo que el Partido Comunista puso de manifiesto en las conclusiones de su congreso, al subrayar que China intensificará sus esfuerzos para configurar su periferia y forjar una “comunidad mundial de destino compartido” centrada en el gigante asiático. Un objetivo para el cual la iniciativa de la nueva ruta de la seda, lanzada por Xi, juega un papel importante, ya que crea nexos comunes entre Pekín y otros países.
Una ofensiva en todos los terrenos que revela la gran ambición de poder de Xi. Un afán que el dirigente chino intentó disimular con diversas apelaciones a la necesidad de un mundo multipolar en su discurso en el cónclave comunista.
Unos llamamientos que levantan, sin embargo, las sospechas de los observadores internacionales. “Uno sospecha que lo que China busca no es mundo multipolar en Asia y en el planeta, sino un orden jerárquico donde China restaure su primacía, primero en Asia-Pacífico y luego globalmente”, ha escrito Kantha.
Otros opinan, sin embargo, que los problemas económicos y los esfuerzos por reducir las enormes diferencias entre ricos y pobres son unos obstáculos que frenarán el retorno del imperio del Centro.
- El PCCh reconoce a Xi como líder ‘reverenciado'.
El culto a la personalidad del presidente Xi Jinping sigue en aumento en China. El dirigente comunista ha sido formalmente reconocido como lingxiu del Partido Comunista chino (PCCh), un término reverencial para designar al líder de esta organización. “El secretario general Xi Jinping es el bien merecido lingxiu del partido, respaldado por todo el partido y amado y estimado por el pueblo”, dijo en un nota el nuevo politburó en su primera reunión. El término lingxiu es más espiritual y grandioso para definir a un líder que la palabra lingdao, usada más comúnmente. Hasta ahora sólo se utilizaba para referirse a Mao, el fundador del Partido Comunista y de la República Popular, al que se define como gran lingxiu. Su efímero sucesor, Hu Guofeng, fue asimismo llamado sabio lingxiu.
(Isidre Ambrós, La Vanguardia)
