Incertidumbre y división. Es el panorama que dejan las elecciones al Parlamento celebradas este fin de semana en Islandia. Con el 25% de los votos, el conservador Partido de la Independencia ha perdido apoyos y 5 escaños (se queda con 16), pero se mantiene como la fuerza más votada. En el otro lado, los partidos de izquierda avanzan, pero no tanto como vaticinaban los sondeos. En medio de una Cámara Legislativa cada vez más fragmentada, se adivina un periodo de duras negociaciones para intentar formar gobierno.
Este es el tercer adelanto electoral que tiene lugar en la isla nórdica desde la grave crisis económica del 2008. Pese a los aires de renovación que soplaron al inicio, con caceroladas en las calles y la épica caída del gobierno, muchos ciudadanos se quejan de que, en realidad, nada ha cambiado. De hecho, el Partido de la Independencia, el mismo que lideraba el ejecutivo cuando estalló la crisis, ha vuelto a ganar las elecciones a pesar de los nuevos escándalos de diversa índole que pesan sobre él. “Es algo sorprendente, pues es la tercera vez que un gobierno conservador tiene que dimitir en sólo nueve años”, destaca a este diario Hörður Torfason, uno de los activistas que impulsaron las protestas en las calles tras la hecatombe financiera. A su juicio, el hecho de que algunos políticos consigan volver al poder a pesar de la corrupción responde a que “ellos suelen ser los ricos, los que tienen más dinero para propaganda y campañas”.
Pero, aunque el Partido de la Independencia vuelva a ser la fuerza más votada, “también hay que decir que ha perdido cinco parlamentarios y, por lo tanto, no ha ganado”, destaca Torfason.
Lo cierto es que los resultados muestran un escenario tan poco concluyente y, sobre todo, tan segmentado, que es muy difícil definir de quién es la victoria. Con ocho partidos distintos repartiéndose los 63 escaños que componen el Parlamento islandés, lo que prima en el sistema político es la división.
En el ala izquierda, está el Movimiento de Izquierda Verde, que, con el 17% de los votos, se convierte en la segunda fuerza más votada, con 11 escaños. Aun así, sigue estando ocho puntos por debajo de los conservadores. Su principal aliado, la Alianza Socialdemócrata, también ha experimentado una mejora sustancial. Con el 12,1% de los votos, ha obtenido el doble de apoyos que en las pasadas elecciones y se coloca en tercera posición. Sin embargo, el aliado natural con el que ambas formaciones aspiraban a formar gobierno, el Partido Pirata, se ha descalabrado. Con sólo el 9% de sufragios, pierde cuatro de los diez escaños que tenía.
Como ellos, en los últimos años han surgido numerosas pequeñas formaciones. Algunas completamente nuevas, como los mencionados piratas o el Partido del Pueblo, una formación nacionalista y contraria a la inmigración que, con el 7% de votos, se estrena en el Parlamento.
Lo único claro es que, con unos resultados tan ambiguos, los partidos tendrán que demostrar una gran capacidad de negociación y flexibilidad. Y, aunque se logre llegar a un acuerdo de gobierno, muy pocos consideran que este consiga durar toda la legislatura.
(Gloria Moreno, La Vanguardia)