Mélenchon reconoce que, de momento, Macron gana la partida

Manifestación en París, el pasado día 10, contra la reforma laboral de Macron, coincidiendo con la jornada de huelga general en Francia
“Si contásemos historias, no seríamos creíbles”, dice sobre la debilidad de la calle

En una declaración rara por su crítico realismo, el líder de la izquierda francesa, Jean-Luc Mélenchon reconoció ayer que el presidente Emmanuel Macron le está ganando la partida.

En cinco meses que lleva en el poder Macron está logrando forzar e imponer las reformas liberales pendientes en Francia, sin que la sociedad francesa se haya levantado con fuerza contra ellas, constata el líder de la oposición de izquierdas.

Desde el verano, los sindicatos y el movimiento que encabeza Mélenchon, La Francia Insumisa, han organizado, juntos y por separado, una decena de movilizaciones contra las reformas de Macron. Centenares de miles de franceses, jubilados, transportistas, metalúrgicos, izquierdistas han salido a la calle, pero, de momento, el movimiento carece de la fuerza y la amplitud necesarias para ser políticamente significativo y bloquear esas reformas. “De momento, Macron ha marcado un punto”, dice Mélenchon.

“El país está en una situación muy crítica, la avalancha social debería haber tenido lugar, pero no se ha producido”, constata el diputado por Marsella, que fue ministro socialista del gobierno de Lionel Jospin antes de romper con el Partido Socialista e iniciar la construcción de la actual izquierda. Y eso, pese a que el prestigio de Macron es bajo y una mayoría social declara repetidamente en los sondeos su desacuerdo a esas reformas sin que ello desemboque en una oposición activa. “Es un momento extraño para el país”, dice Mélenchon, que se encuentra en Atenas para apoyar el lanzamiento de un partido político a la izquierda de la gubernamental coalición Syriza.

El excandidato a la presidencia, que obtuvo el pasado mayo el 19,5% del voto en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, explica el retraso francés en la aplicación de las reformas neoliberales hace tiempo vigentes en otros países, por la particular resistencia de la sociedad francesa.

“Tenemos un mecanismo de resistencia social tal, que lo más duro de la reforma liberal que se aplicó en el Reino Unido, Alemania, Portugal, España e Italia no había llegado a Francia”. “El señor Macron alardeó diciendo: ‘He llegado yo y en cinco meses lo he conseguido’. Bien, es verdad, de momento él es quien ha marcado el punto y no hay que esconder ese hecho, porque si empezamos a contar historias nos hacemos poco creíbles”. Al mismo tiempo, el político cree que la partida está lejos de acabarse: “Espera, muchacho, que esto aún no ha terminado”, dice. “Podemos recuperar ese punto, porque está claro que si la juventud se pone en marcha, ya estará, pero de momento ese no ha sido el caso”.

Tras una movilización “contra el golpe de Estado social” de unos cien mil seguidores en París el pasado mes de septiembre, Mélenchon mencionó el horizonte de una marcha “de un millón de personas” en los Campos Elíseos. Creía posible que la protesta adquiriera fuerza con el siempre decisivo aporte de estudiantes y bachilleres, pero en las siguientes semanas, el sindicato CGT no logró incrementar su movilización contra la reforma laboral. Ya entonces, Mélenchon dijo: “Todo parece apuntar hacia una derrota del movimiento obrero tradicional”. Ahora reconoce que, de momento, tampoco su movimiento, una síntesis entre el modelo podemita y el izquierdismo republicano francés, lo ha conseguido.

- “Devolver el dinero a los griegos”.

Pocos días después de que el Banco Central Europeo revelara los 7.800 millones de euros en beneficios, por intereses, con que se ha saldado la compra de deuda pública griega por parte de los bancos centrales de la zona euro entre el 2012 y el 2016, Mélenchon apeló en Atenas al presidente Macron a “devolver ese dinero a los griegos”. “De este país que ha sufrido tanto y del que sabemos lo mucho que se ha empobrecido desde el 2010, ahora nos enteramos de que los grandes países le sacamos 8.000 millones de beneficios porque se trataba de una mentira: no se ayudó a Grecia, sino a los bancos y a los grandes países sobre las espaldas de los griegos”, dijo. Evocando la suma de las deudas soberanas en Europa, 13.000 millones, el diputado francés explicó lo que califica de “terrible secreto”: “Esa deuda jamás será pagada”; de lo contrario, “el único proyecto político y social sería pagarla”.

(Rafael Poch, La Vanguardia)